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15 Años de la Ley Maria da Penha: resistir para que la Ley no acabe

Analba Brazão* e Myllena Calasans de Matos**

El 15 de junio de 2021 nos encontramos ante el feminicidio de la adolescente Thalya Hellen Moreira, de 16 años, quien residía en la Zona Oeste de São Paulo, asesinada a disparos por su exnovio Thayan Alves, de 24 años, cuando, a pedido de los padres de él, ella fue hasta la casa de la familia para conversar con Thayan. Tras el crimen, Thayan intentó matarse.

Cuando Thalya nació, el movimiento feminista salió a las calles para hacer vigilia por el fin de la violencia contra las mujeres y pedir la aprobación del PL 4.559/2004[1]. Cuando Thalya aprendía a caminar, el movimiento feminista brasileño estaba de fiesta. Fue el año de la aprobación, después de mucha lucha, de la ¡Ley Maria da Penha! 

Estábamos muy felices con esta victoria porque apuntaba a un cambio cultural. La Ley fue discutida ampliamente con el movimiento de mujeres y feministas y las propias víctimas de la violencia fueron oídas. La Ley llegó para cohibir la violencia contra nosotras las mujeres, llegó para prevenir esta práctica criminal tan arraigada y autorizada en la cultura machista de nuestra sociedad. 

Sabíamos que la Ley, sola, no alteraría las mentalidades, pero debería garantizar a las mujeres víctimas de violencia, acogida, asistencia y protección al denunciar a sus agresores. Que las mujeres puedan buscar su libertad, autonomía y tomar decisiones sobre sus propias vidas. Que Thalya y su generación puedan tener en su currículo escolar, lecturas y actividades para comprender e identificar situaciones de violencia de género y discriminaciones contra las niñas y mujeres.

Thalya, como muchas otras mujeres, fue asesinada por tomar la decisión de romper su relación de 1 año de noviazgo: “Yo no quiero más, ya te lo he dicho. Yo no estoy despreciándote ni nada, estoy decidida y listo. No quiere decir que unos días atrás, meses atrás, yo no te haya amado. Te amo hasta hoy, pero ya no quiero, soy una persona decidida, ¿lo has entendido? Ahora quiero pensar en mí, tienes que entender eso. Es mi elección, tienes que respetarla. Tienes la obligación de respetarla. Yo no estoy obligada a vivir lo que tú quieres…”. Ella estaba decidida. Escogió romper el noviazgo que ya no le estaba haciendo bien.  Esta joven de apenas 16 años había aprendido que tenía el derecho de elección, que podía decidir. Sin embargo, el machismo y el sentimiento de posesión del exnovio no permitieron que ella continuara viva. 

Cada año, nos encontramos con datos alarmantes de muertes violentas, violaciones y las más diversas formas de violencia contra las mujeres y niñas, donde la mayoría de las víctimas son mujeres negras. En 2020 en Brasil, fueron registrados 3.913 homicidios de mujeres (de estos 1.350 casos fueron de feminicidios) y 60.926 casos de violencia sexual, más de 44 mil violaciones de personas vulnerables, de niñas de 9, 10, 12 y 13 años (FBSP, 2021). 

Cada año, la Ley Maria da Penha pierde su fuerza transformadora, pues ha sido relegada a segundo o tercer plano por los gobiernos federal, estatal o municipal. En 2018, 40% de los servicios ya habían sido cerrados, de 256 CEAMs (Centro Especializado de Servicio a la Mujer) existentes hasta 2016, las mujeres brasileñas contaban apenas con 228, de las 95 casas refugio quedaban 58 y de las 504 DEAMs (Comisaría Especializada de servicio a la Mujer), restaban 449 (ONU Mujeres, 2018). Desde entonces, la situación se agravó, pues el número de Juzgados de Violencia Doméstica contra la Mujer quedó estancado en 138; los servicios continúan concentrados en las capitales; más servicios fueron cerrados y menos recursos fueron asignados y efectivamente gastados para enfrentar esta forma de violación de los derechos humanos de las mujeres. En 2020, de la ínfima asignación de R$ 120,4 millones[2], apenas R$ 35,4 millones[3] fueron efectivamente gastados por el Gobierno Federal para apoyar y fomentar la política en todo el país (INESC, 2021). 

Otro elemento que nos llama la atención es ver cómo las mujeres negras, jóvenes y niñas son las más alcanzadas, tanto por la violencia doméstica, como por la violencia sexual y los feminicidios; esto sucede porque ellas están simultáneamente oprimidas por ser mujeres y por su raza (y a causa de su posición en las relaciones raciales). Los datos muestran eso. Brasil es un país marcado por el racismo cotidiano y estructural. Los pésimos indicadores sociales que caracterizan las condiciones de vida de la población negra demuestran también esta realidad. Por tanto, el enfrentamiento al racismo, es otro desafío que trasciende la lucha del movimiento feminista por el fin de la violencia contra las mujeres. 

En la Marcha en Recife, militantes de la Articulação de Mulheres Brasileiras levantan carteles que dicen "No nací mujer para morir por serlo" y "No fue paz, fue silencio". | Foto: Marcely Gomes

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En la Marcha en Recife, militantes de la Articulação de Mulheres Brasileiras levantan carteles que dicen "No nací mujer para morir por serlo" y "No fue paz, fue silencio". | Foto: Marcely Gomes

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Pasados 15 años, el sistema de seguridad pública y justicia continúa actuando sin paciencia, con profesionales sin capacitación adecuada para oír a las mujeres y sus experiencias de agresión, ni para entender qué situaciones  y procesos de separación, como el de Thalya, pueden poner a una mujer en situación de riesgo. La mujer necesita de una respuesta estatal rápida, protectora y con los Juzgados previstos en la Ley, analizando las cuestiones civiles y criminales, sin exigir a las mujeres la peregrinación por varios órganos o Tribunales de familia y Juzgados especiales criminales contando su historia una y otra vez, sometiéndose a sufrir nuevas violencias (institucionales) y encontrándose con decisiones conflictivas, incluso misóginas y con claro sesgo racista. 

En el Congreso Nacional, la Ley se transformó en un objeto de capital político, habiendo sido modificada 11 veces, acumulando casi 300 proyectos de ley alterando su texto directa o indirectamente y lo peor, sin una propuesta capaz de atender al desafío de proteger la vida de las mujeres negras, indígenas, pobres y periféricas, así como de asistir y reparar a las mujeres sobrevivientes y a los huérfanos y huérfanas de los feminicidios. 

Hasta el puesto de “tercera mejor ley del mundo” concedido por la ONU en 2010 acaba, pues cada año nosotras, las mujeres, somos menos oídas y la participación de la sociedad civil enfrenta numerosos obstáculos en el Congreso Nacional. Fue justamente a causa de la escucha de las mujeres víctimas de violencia y la participación de las organizaciones y movimientos feministas en el proceso de elaboración y aprobación de la Ley, que la ONU consideró determinante considerar la Ley Maria da Penha como una de las mejores y más completas leyes del mundo. Esto indica la urgencia que tenemos de volver a la campaña nacional que realizamos en 2008 – “No toquen la Ley Maria da Penha”. Ella necesita presupuesto y voluntad política para ser implementada de hecho. Si se toca la Ley Maria da Penha, se toca a todas las mujeres.

Cada día nos conmueve comprobar con los datos ya mencionados, que la anulación de la Ley es, como la muerte de Thalya, una tragedia anunciada. Ni la fuerte convicción de Thalya para vivir una vida sin opresión masculina, ni las protestas de las feministas y sus organizaciones -que hicieron innumerables vigilias desde el final de la década de 1970 para denunciar esta violencia y conquistar una ley integral- han sido suficientes para frenar las garras del patriarcado racista elitista, el retorno del conservadurismo, las políticas familistas, los retrocesos en los derechos de las mujeres y la política armamentista emprendidos por el Gobierno Bolsonaro, y la saña punitivista y castigadora que la mayoría del parlamento toma como respuesta para este grave problema social. 

Durante todo el proceso de construcción de la LMP, de la sanción del 07 de agosto de 2006 y aun años después, en 2012-2013, con a CPMI de la violencia contra las mujeres[4], que propuso la Ley del feminicidio aprobada en 2015, el movimiento feminista actuó fuertemente para que la Ley fuera implementada de hecho, incidiendo políticamente con presión directa sobre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y debatiendo, también, con la sociedad. 

Estamos en 2021, la Ley cumple 15 años y aún es necesario que los movimientos feministas continúen luchando para que esta conquista sea efectiva, de hecho. Luchando para que las redes de servicios de enfrentamiento a la violencia contra las mujeres y de acogida a estas mujeres víctimas, funcionen de hecho. El desmonte de estas políticas públicas ha agravado el aumento significativo de la violencia en contra de nosotras, mujeres, y en especial, los feminicidios.

Diversas organizaciones y movimientos feministas y de mujeres del Brasil están organizadas en un levantamiento feminista contra el feminicidio, realizando diversas acciones de la Campaña Nacional contra los Feminicidios “Ni pienses en matarme, ni pienses en matarnos, quien mata a una mujer, mata a toda la humanidad”. 

En esta campaña una de las prioridades es fortalecer la Ley Maria da Penha, pues estamos convencidas que si se implementa bien, evitaría que jóvenes como el verdugo de Thalya y hombres adultos, traten a las mujeres como posesión, usen los celos y su honor como justificación para el cercenamiento de la libertad y autonomía femenina, así como para dejarnos los ojos morados y marcas en el alma. Y, principalmente, prevendría los feminicidios de mujeres y niñas – las cuales tienen nombres, familias, hijos e hijas, amigas, amigos y sueños-. 

Nuestra lucha es renovar las esperanzas para que estas prácticas machistas dejen de existir.  Tenemos esperanzas de que nuestros derechos como mujeres cis, trans, indígenas, negras, gitanas, rurales y con discapacidad estén presentes para toda la sociedad. Tenemos esperanzas de que la Ley Maria da Penha sea un día priorizada y debidamente implementada. ¡Tenemos esperanzas de que cualquier mujer tenga el derecho de decir No! De decidir, como la de Thalya, de dar un fin a una relación que no signifique su muerte, ¡y decimos sí al derecho de existir, de continuar vivas! ¡Pues quien mata a una mujer, mata a toda la humanidad!

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* Analba Brazão es antropóloga, autora del libro “Nunca tú sin mí”, educadora del Instituto Feminista para la Democracia SOS Corpo y miembro de la Articulação de Mulheres Brasileiras.


** Myllena Calasans de Matos es abogada feminista, miembro del Consorcio Lei Maria da Penha, Cladem-Brasil, Grupo de Investigación Derecho, Género y Familias de la Universidad Nacional de Brasilía (UNB), y participó en el proceso de creación y aprobación de la PL 4599 / 2004 transformado en la Ley Maria da Penha - Ley 11.340 / 2006.

[1] Projecto de Ley sobre la violencia doméstica o familiar contra la mujer, transformado después,  en la Ley Maria da Penha - Ley 11.340 / 2006.

[2] Equivalente a aproximadamente USD 22.135.300 en 2020

[3] Equivalente a aproximadamente USD 6.508.200 em 2020.

[4] CPMI: Comisión Parlamentaria Mixta de Investigación.