Andressa Braun - Maestranda en Ciencias de la Educación y Humanidades, opción Estudios Latinoamericanos en la Universidad de la República Uruguay (Udelar)

Backlash antifeminista y postfeminismo en las derrotas políticas de Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner (2014-2017)

Desde 2018, con la salida de Michelle Bachelet de la presidencia de Chile, América Latina no cuenta más con mandatarias mujeres [1]. Además, distintas expresiones de la derecha en todo el mundo y también en nuestro continente, han ascendido por diferentes vías al poder, sea por elecciones directas como en Argentina o, como en Brasil, a través de un proceso de impeachment, plagado de contradicciones jurídicas, en un juicio político sin fundamentación en las prerrogativas constitucionales para su consecución.


En ambos casos, para el periodo 2014-2017, parto del presupuesto de que la oposición utilizó en su discurso contra Dilma Rousseff y Cristina Fernández, la dimensión de género y el hecho de que fueran políticas mujeres. Hecho este fácilmente corroborado en las portadas de revistas, las protestas callejeras, el terreno fértil de las redes sociales o aun, en el humor desplegado de diversas
fuentes, para citar apenas algunos ejemplos.


Sin embargo, resta analizar este discurso –que emerge igualmente de hombres y mujeres, mediante herramientas adecuadas– con el propósito de generar aportes en Ciencias Sociales, que puedan contribuir con los movimientos feministas, sobre todo, los latinoamericanos. O sea, me planteo entender, entre otras cosas, cómo la derecha –o la “ultraderecha” como se viene nombrando esa fuerza política que emerge en nuestro continente, por ejemplo, con la elección de Mauricio Macri en 2015 o la destitución de Rousseff en 2016– ve la perspectiva de género, cómo la utiliza, la moviliza o la problematiza en oposición a las ex presidentas.


En Brasil, en todo el proceso de impeachment y hasta hoy día, se dice que si fuera presidente Luis Inácio Lula da Silva y no Roussef en 2016, la derrota política del Partido de los Trabajadores no hubiese sucedido. ¿Será verdad? ¿Habrá contribuido la utilización de la dimensión de género en el discurso de oposición a Rousseff?

Otra inquietud que se va convirtiendo en certeza durante el desarrollo de mi proyecto de investigación, es la necesidad de estudiar el discurso antifeminista en la actualidad. Esas reacciones antifeministas parecen haberse impuesto con enorme potencia, sin embargo, con sutileza y especificidades diversas o ‘complementarias’ a la perspectiva del “backlash antifeminista”, teorizado por la norteamericana Susan Faludi en los noventa. Este será mi punto de entrada al análisis de los procesos políticos que en Brasil y Argentina desplazaron a Rousseff y Fernández de la presidencia.


Las líderes políticas en cuestión, más alineadas a pensamientos progresistas, fueron enmarcadas en narrativas sexistas desde siempre, pero con más intensidad, presupongo, en el periodo a analizar (2014-2017). En efecto, tanto la destitución de Rousseff en 2016, como la campaña previa al proceso de impeachment, realizada por colectivos de extrema derecha y por los medios de comunicación brasileños en general, recurren a la imagen de una “presidenta histérica” y a la producción de “evidencias” que supuestamente indicarían su incapacidad de hacer política y, por ende, de ejercer el cargo para el que fue legítimamente electa.

Paralelamente, en Argentina, asistimos a la desacreditación de Cristina Fernández de Kirchner y de los políticos apoyados por ella. Las estrategias discursivas seguidas por algunos actores de derecha relevantes parecen asociar la presencia de mujeres en los roles de liderazgo político de mayor jerarquía, con la amenaza de desestructuración de un orden armónico entre hombres y mujeres. En este
sentido, tanto en Brasil como en Argentina, parecería que la salida de la izquierda de la presidencia se asocia a la defensa de un espacio público entendido en términos “hegemónicos”, históricamente dominado por hombres, blancos, heterosexuales, de clase media alta y que adhieren a un proyecto político a grandes rasgos “conservador”.

De hecho, es evidente en Brasil el intento de “reubicar” el territorio de la mujer al ámbito privado, de la “discreción”, lejos de la vida pública política, además de la no menos evidente falta de respeto y clara misoginia que configuraron algunas piezas publicitarias de la campaña previa al impeachment conocida como “Fora Dilma”.

 

En Argentina, la asociación del “éxito político” de Fernández a su fallecido marido Néstor Kirchner es recurrente, bien como de su supuesta falta de humor para con las portadas de la revista argentina Noticias, plagadas de sexismo y objetificación, donde se ve representada.

 

Respeto a esta portada y otras, no menos sexistas y machistas, habla muy críticamente Fernández en su autobiografía Sinceramente (2018). El subtítulo del titular trae, entre otras, la información: “La sumisión del otro ya es un requisito indiscutible de su liderazgo”. Podemos deprender de la frase la idea de que “el feminismo”, o las mujeres queremos la sumisión del hombre por la mujer.


Pero sobre tales portadas aún resta decir que, respondiendo a las críticas de Fernández en su libro, la revista publica, por lo menos y solo este año, dos editoriales hablando del feminismo raro y “bobo” de la ex presidenta, siendo uno de ellos una alerta a los editores de que la sátira política no era para las mujeres.

Todos están escritos por mujeres y podemos acceder a ellos en los enlaces abajo:


- Alerta editores: La sátira política no es para mujeres


- El raro feminismo de Cristina: su enojo con la tapa del goce

En el caso de Brasil, traigo dos ejemplos de la incidencia de este discurso antifeminista, no menos emblemáticos, machistas y misóginos.

Esta edición de la revista vista en la Imagen 2, se publicó 11 días antes de la votación de la admisión del impeachment por la Cámara de los Diputados, realizada el 17 de abril de 2016. El reportaje principal habla de los ataques de descontrol de la presidenta, que supuestamente anda a los gritos por el Palacio, rompe muebles y, al final del subtítulo, en la propia portada, sentencia: “Dilma perdió las condiciones emocionales de conducir el país”. El reportaje completo se puede acceder en este link.

Asimismo, un día después de la votación de la admisión del proceso de impeachment en la Cámara de los Diputados, otra revista semanal, trae el siguiente reportaje:

En la Imagen 2, vemos, a través de un rápido y superficial análisis, la “sentencia” de una revista brasileña respecto de la incapacidad emocional y evidente desequilibrio de Rousseff (una mujer) para ejercer la presidencia, pensamiento que representa en gran medida el de la prensa en general en Brasil. Lo que queda subentendido es el hecho de que la política, y menos la presidencia, es lugar de mujer, contrarrestando el tercer ejemplo, visto en la Imagen 3.


En el reportaje de la semanal Veja, publicación de gran prestigio en Brasil como la Istoé, vemos a la futura primera dama Marcela Temer (Michel Temer asumiría la presidencia provisionalmente solo tres semanas después), bajo la designación:
“Bella, recatada y del hogar”. El subtexto de este mensaje tiene que ver con el lugar “adecuado” de la mujer, que nos debería orgullecer como sociedad, “con la mujer ocupando su espacio conquistado en la presidencia”, como un ornamento al lado de su marido.

Apuntes Teóricos

Para entender cómo la derecha movilizó la condición de género contra las presidentas, me apoyaré, fundamentalmente, en dos literaturas: la del backlash antifeminista, cuya principal autora, como ya he nombrado, es Susan Faludi. Además, y con gran interés ya que lo veo más sutil e imbricado en la sociedad contemporánea, trabajaré con el concepto de postfeminismo desarrollado por Ann Braithwaite.


La primera categoría, el backlash, es una reacción antifeminista, un contra ataque al feminismo para impedir el progreso de la mujer. Como el propio título del libro de Faludi nos dice, el backlash es un contra ataque en la guerra no declarada contra las mujeres. Asimismo, siendo el miedo y la intolerancia al feminismo una condición viral de nuestra cultura, los “síntomas” de ese discurso no siempre se presentan en su fase más aguda (Faludi, 2001:18). El avance backlash más reciente en Estados Unidos se dio al final de los años 70 entre los miembros de la derecha evangélica.


Si pensamos en el Brasil de hoy y en la presencia masiva de los evangélicos en las diversas estancias del poder, con su postura crítica y conservadora en relación a la mujer, podemos suponer que vivimos una nueva fase de contra ataque a los avances feministas más recientes. Entre otros argumentos, el backlash antifeminista quiso hacernos creer que las mujeres éramos más infelices por el hecho de ser más libres. Sin embargo, Faludi (2001:17) nos dice que la supuesta infelicidad de las mujeres está relacionada con la presión antifeminista por detener, e incluso revertir, la búsqueda por igualdad delas mujeres. Otra característica importante del backlash antifeminista es la reafirmación de los valores sociales propios del hetero patriarcado tradicional y de su estructura de dominación.


Aunque el backlash y el postfeminismo coexistan en los espacios y el tiempo, y representen voces críticas al feminismo, el postfeminismo no es antifeminista y muchas veces, incorpora los avances del feminismo. Braithwaite nos habla del surgimiento del postfeminismo, esa complicada y sutil reacción al feminismo, donde el mismo se convierte en algo “del pasado”.


“El término ‘postfeminismo’ hizo su debut contemporáneo en la conciencia popular en 1982, en un artículo de Susan Bolotin en el periódico The New York Times. Su comprensión más popular se vio favorecida por los artículos subsiguientes sobre la aparente (y recurrente) ‘muerte’ del feminismo en las revistas Newsweek y Time, y ahora aparece en una variedad de lugares, especialmente en Internet, tanto en los sitios auto identificados explícitamente como feministas o no (aunque con propósitos muy diferentes). En sus invocaciones más comunes, el posfeminismo generalmente se entiende como una manera de describir tanto el fin del feminismo como su supuesto rechazo por parte de las mujeres más jóvenes; su uso ‘... lo más a menudo describe un momento en que los movimientos de mujeres, por cualquier razón, ya no se mueven, ya no son vitales, ya no son relevantes...’”. (Braithwaite, 2004:23)


El postfeminismo se presenta entonces como un período nuevo y mejorado que supera al feminismo y es capaz de responder a las demandas de la vida de las mujeres actuales, siendo que las reacciones, antifeministas y postfeministas, se han suscitado a razón de los feminismos. Esos, desde el derecho al voto hasta la lucha por una existencia digna para las mujeres, han transformado las configuraciones opresoras de las sociedades, y por ende han propiciado la salida de la condición de subalternidad a muchas mujeres.

Cuestiones a reflexionar

- ¿De qué formas comparecen el género y el sexismo en el discurso de las derechas (ultra o “nueva”) en los casos de Argentina y Brasil, de Cristina Fernández y de Dilma Rousseff?


- ¿Qué rol tuvieron los discursos de backlash antifeminista y postfeminista en las derrotas políticas de Dilma Rousseff y Cristina Fernández?


- ¿Cómo el post feminismo, tomando los movimientos feministas por ‘demodé’, contribuyeron para la desacreditación de la capacidad de gobierno u gobernabilidad de Dilma Rousseff y Cristina Kirchner?


- ¿Cómo el discurso de la Iglesia contribuyó al ascenso de la derecha en Brasil y en Argentina?

1. Una versión de esta ponencia fue presentada en las VI Jornada de Debate Feminista 2019, organizadas por Cotidiano Mujer