N°11 año 2020

31 de marzo

A 25 años de Beijing

Con Gladys Acosta, Gina Vargas y Roxanna Carrillo

Susan Espinoza

La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, adoptada en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, cumple 25 años. En aquella oportunidad, más de 30 mil activistas, principalmente feministas, trabajaron para lograr el plan más ambicioso que existe en relación a los derechos humanos de las mujeres y niñas. Un plan que, a pesar de los años, aún no ha sido cumplido. El movimiento feminista continúa, más fuerte que nunca, demandando a los Estados que cumplan los compromisos acordados en 1995. Sobre esto, conversamos con Gladys Acosta, Gina Vargas y Roxanna Carillo, participantes de la elaboración este plan.

Gladys Acosta. Socióloga, fundadora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán e integrante de la Articulación Feminista Marcosur (AFM). Fue nombrada coordinadora del Foro de ONG de América Latina y el Caribe para la Conferencia de Beijing.

Gina Vargas. Abogada experta en derechos humanos de las mujeres, ex directora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. Actualmente es vicepresidenta del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) de las Naciones Unidas.

Roxanna Carrillo. Fundadora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. Creadora del Fondo Fiduciario de la ONU para Eliminar la Violencia contra la Mujer. Tiene más de 20 años de trabajo en diversas áreas de las Naciones Unidas.

—¿Qué significado tiene la Plataforma de Acción de Beijing para el movimiento feminista?

(Roxanna) —Beijing es la culminación de los procesos globales del movimiento de mujeres que ya venía con mucha fuerza, y que comenzó muchos años antes. Entonces se dio la gran explosión del movimiento. El mundo vio al feminismo como un movimiento global. Beijing significa ese momento de emergencia global de las mujeres con toda su potencialidad. Significó también una gran movilización de mujeres de todas las regiones para culminar en la estructuración de una Plataforma de Acción que refleja nuestras demandas y que le pone a los gobiernos un derrotero que nosotras marcamos. No lo hizo las Naciones Unidas, lo hizo el movimiento de las mujeres.

(Gina) —Beijing fue la única de las conferencias que tuvo esa participación tan activa y orgánica de la sociedad civil y del movimiento feminista, pero en general de los movimientos de mujeres. Fuimos con mucha fuerza. Tuvimos una presencia muy política. Estábamos ahí porque habíamos peleado con Naciones Unidas para que cambie a la persona responsable en ese momento y lo logramos. Fuimos la única región [se refiere a América Latina] que tuvo esa presencia feminista permanente. Hicimos Beijing en clave feminista.

(Gladys) —Fue una gran negociación política de nuestros derechos. Se juntaron los movimientos feministas con el Estado, y se produjo una simbiosis interesante. Las mujeres que representan a los gobiernos ingresaron a las filas del feminismo, y nos encontramos con las llamadas “femócratas”. La plataforma de Beijing es la plataforma de los derechos humanos de las mujeres.

—A 25 años de Beijing, ¿cuánto hemos avanzado y cuáles son los temas pendientes en Latinoamérica y el Caribe?

(Gina) —El desasosiego y la frustración por lo poco que avanzan los gobiernos y lo mucho que nosotras demandamos es una de las tensiones permanentes. Llegamos a los 25 años con una Plataforma que sigue siendo relevante, que no se ha cumplido. Tenemos una serie de conquistas, pero siguen quedando insuficientes.

(Gladys) —Hemos avanzado. Hay elementos que han potenciado la acción de las mujeres. Se ha mantenido la incorporación de la mujer en la educación, y eso está generando una presión en el mundo del trabajo donde no tenemos todo ganado. Se mantiene la brecha salarial. Para las mujeres, no hay una correlación directa entre tener buena educación y tener un buen trabajo.

—¿Qué avances podemos destacar?

(Gina) —La mayor conciencia en la sociedad y en las mujeres de la situación de merecimiento de nuestros derechos y, por supuesto, la masividad. No teníamos un movimiento masivo.

(Gladys) —En cuanto a la participación política, hemos tenido una evolución grande del planteamiento de cuotas al planteamiento de la paridad. Eso es un avance que en algunos países se ha logrado. No es que avanzamos y no retrocedemos. Se avanza, pero también se retrocede muy fácilmente. Los avances de la mujer en la política no se logran consolidarse.

—¿Cuáles son los principales pendientes?

(Roxanna) —Tenemos aún grandes desigualdades estructurales. Hay una fuerte reacción sobre la autonomía de los cuerpos de las mujeres por parte de aquellos que quieren restringirlo; en este contexto, la violencia es el ejercicio de control de esa autonomía. Todo lo vinculado con esos temas sigue siendo central. Necesitamos incorporar esos otros feminismos que estaban de una manera incipiente en Beijing, pero que han avanzado y están tremendamente activos. Nos está cambiando hasta el lenguaje. El movimiento de mujeres indígenas es una cosa fenomenal. Las mujeres LGTBIQ+, las comunidades afrodescendientes, las mujeres migrantes. Necesitamos agregar todas estas demandas.

(Gina) —Hay pendientes históricos como los derechos sexuales y reproductivos. El aborto que es una lucha que hoy está tomando las calles. Está en la agenda pública no por los gobiernos, sino por la lucha feminista. El racismo sigue siendo algo que atraviesa toda la sociedad, la política y también los feminismos. Nuestra agenda se ha ampliado infinitamente. Hay temas que tienen que ver con la sobrevivencia de las mujeres y del planeta. El ecofeminismo no estaba presente; la lucha contra el extractivismo de los cuerpos y territorios está siendo parte del avance inhumano de las transnacionales.

(Gladys) —Lo más complejo es el trabajo no remunerado de las mujeres, que en vez de reducirse se está ampliando, porque evidentemente no se comparte. Hay países donde los hombres tiene un poco más de dedicación en la educación de los hijos, pero en una mirada global, las mujeres siguen siendo las responsables. Hay muchos territorios que todavía no están 100% ganados. Los derechos sexuales y reproductivos es un caballito de batalla que viene de muy atrás, por ejemplo. La libertad de las mujeres siempre está en el candelero, la libertad para decidir es todavía un privilegio de ciertos sectores de mujeres. La mayoría aún no puede decidir.

—¿Necesitamos otra plataforma de acción para lograr cambios más rápidos y con mayores impactos en la vida de todas?

(Gina) —La Plataforma de Beijing no se ha cumplido. Sigue vigente después de un tiempo largo y lo pendiente tiene complejidades grandes.

(Roxanna) —Beijing es una plataforma amplia, diversa, que incorpora temas centrales de la lucha feminista y de todas las comunidades desde la perspectiva de género. Pero, al mismo tiempo, han surgido temas de mucha incidencia. Estamos en la necesidad de cumplir con la plataforma de Beijing y al mismo tiempo debemos incluir los temas que han aparecido en la agenda y han complejizado nuestra lucha.

(Gina) —Además, hay una dimensión que no se toma en cuenta: nuestra población está envejeciendo porque hay más esperanza de vida. No tenemos condiciones para contemplar la situación de las mujeres adultas mayores. Han surgido también otras formas de violencia que no estaban contempladas, como el acoso político.

(Gladys) —La Plataforma de Beijing es parte de un proceso político y no incluye todo lo que los movimientos feministas planteábamos. Da la sensación de que fue un documento súper avanzando para ese tiempo. Para nosotras era lo mínimo, y se han quedado bastantes cosas por fuera.

—¿Cómo ha sido el rol del movimiento feminista, tomando en cuenta su diversidad, en estos 25 años? ¿Qué necesitamos mejorar para seguir avanzando en nuestras luchas?

(Gina) —Los feminismos hemos trabajado mucho. En algunos momentos priorizamos la negociación con los gobiernos y dejamos de lado la fuerza que necesitamos tener para levantar nuestra agenda. Una demanda no llega al Estado por su urgencia o su dramatismo, sino cuando tiene la capacidad de extenderse en públicos más amplios, incluso más amplios que las mujeres. Ese trabajo es una estrategia profundamente contracultural, que sostendrá todo lo que podamos negociar después con los gobiernos. Como movimiento, es fundamental recuperar la autonomía de los feminismos. Es una autonomía que es política, indudablemente, por la forma en cómo se relaciona con los gobiernos y las instituciones públicas; también es una autonomía física y económica. Pero hay una autonomía que es central y tiene que ver con esta diversidad que tenemos en Latinoamérica, que es la autonomía sociocultural. Es muy importante que se recupere y respeten las perspectivas y cosmovisiones diferentes.

(Gladys) —Quiero destacar la capacidad del movimiento de estar siempre en esos momentos que son realmente importantes y estratégicos para nuestra lucha. Hay una capacidad del feminismo de responder a retos históricos. Hoy en día es muy difícil que sucedan revoluciones –por ejemplo, lo que está pasando en Chile–, sin que haya por dentro un movimiento feminista que actúe e impulse. Casi no existe una circunstancia en la que no surjan y no estén los movimientos feministas. Pero además tenemos dificultad para dialogar entre las distintas vertientes de los movimientos y eso produce fragmentaciones que impiden acciones de mayor alcance. Esto hace más difícil la articulación de las diversidades.

(Roxana) —Hasta ahora, lo que impulsamos desde Beijing es el reconcomiendo del feminismo como un gran movimiento transformador de nuestras sociedades. Y al mismo tiempo, es la oportunidad de celebrar nuestra diversidad. La importancia de los lazos que se crean entre los distintos movimientos de cada país ayuda a aprender a hacer política en la marcha y a consolidar los aspectos de solidaridad. Muchas veces, en las batallas políticas nos fijamos en cómo nos diferenciarnos con las otras, en vez de sumar saberes y experiencias, y aportar una mirada más integral de nuestra lucha. No me cabe la menor duda que la lucha de las mujeres es el eje central de la lucha de una sociedad más justa. Es la lucha antipatriarcal.

—Frente a los retrocesos de los derechos humanos de las mujeres que impulsan los grupos conservadores y fundamentalistas en la región, ¿qué acciones debe tomar el movimiento?

(Roxanna) —Todo avance genera anticuerpos. Cuando hablamos del accionar de estos fundamentalismos o de estas fuerzas de derecha es porque nuestra lucha y nuestras propuestas son profundamente desestabilizadoras para ellos. Traemos un sistema que se ancla en la justicia, en la posibilidad de ver un mundo sin privilegios para los machos. Es muy importante que, como movimiento feminista, empecemos a ingresar en espacios de representación y toma de poder. Desde estos puestos podemos dar la lucha de forma más eficaz. Eso nos dará origen a una nueva forma de hacer política.

(Gina) —La pelea con estos sectores conservadores va a seguir. Hay una dimensión muy complicada; hay una crisis de sentido, una crisis de la política y del Estado. En esas condiciones, las posibilidades de que estos sectores lleguen al poder, como Bolsonaro, son muy fáciles. Ya no solo buscan partidos que los representen, ellos mismos se están representando en la política partidaria.

—¿Cuáles son las dificultades del movimiento feminista en relación a su participación y representación en las Naciones Unidas?

(Gina) —Los espacios en las Naciones Unidas siguen y no creo que sean demasiado eficaces. No hay mucho interés en integrar a la sociedad civil en las reuniones, acciones y conferencias. Más bien existe un gran trabajo para incorporar a la clase empresarial que nosotras denunciamos. Las Naciones Unidas están en una crisis severa, por falta de fondos, por falta de una misión clara.

(Gladys) —Tenemos un movimiento que no tiene el mismo acceso a los recursos, que en los años 80. Hay ciertos espacios donde se puede seguir participando. La CEDAW, los informes sombra, siguen siendo una vía muy importante para la participación del movimiento de las mujeres. Tenemos que seguir buscando la creación de espacios de incidencia autónomos e independientes.

—¿Necesitamos radicalizar la democracia en América Latina y el Caribe?

(Gina) —Esta democracia no nos sirve para nada. Es una democracia limitada a lo electoral, que es una parte ínfima. Nosotras estamos peleando desde hace mucho tiempo por democracia en el país, en la casa y en la cama. Esa es la democracia radical de la que tanto hablamos. La desigualdad es la característica de este momento en el mundo y América Latina es el continente más desigual de todos.

(Gladys) —No podemos seguir aceptando un Estado en el que los ciudadanos no tenemos nada que decir. El movimiento trae toda una perspectiva de redefinición de los poderes, de cómo queremos que se haga justicia, de cómo queremos que sea un Poder Legislativo verdaderamente representante de nuestras sociedades, con caminos para todos y todas, con toda esta diversidad que estamos reclamando. Cuando hablamos de radicalización de la democracia, hablamos de tener una verdadera noción de la democracia a la que deberíamos apostar.

(Roxanna) —No puede existir una democracia sin una reconfiguración del sistema económico, sin la reconfiguración de la distribución de la riqueza. Si a eso le llaman radicalización, es lo que necesitamos.