N°10 año 2019

9 de diciembre

Hasta que la dignidad se haga costumbre[1]

Virginia Vargas / Lilián Celiberti

Chile despertó. Una movilización de estudiantes secundarios por la suba del boleto de metro se convirtió en la llama imparable de rabia, descontento e indignación largamente acumulada. Una rebelión se levanta contra la soberbia angurrienta de un sistema que endeuda, arrincona y alimenta un estilo de vida donde no está la gente, menos la ciudadanía, y mucho menos el ecosistema y la sobrevivencia del planeta. “No son 30 pesos, son 30 años” decían las paredes de Santiago.


Chile, el oasis de América Latina, el “éxito del capitalismo neoliberal” según dijo el presidente Piñeira en su discurso en Lima, en ocasión de los juegos Panamericanos, unas pocas semanas antes. Esa mistificación de la realidad evidencia lo lejos que está el gobierno de la ciudadanía. El gobierno de Piñera y tampoco otros países de América Latina se percatan del rechazo total a la clase política, a esa forma de la política neoliberal que con matices entre unos y otros, mantuvieron los pilares de la desigualdad arbitraria y mezquina. Una clase política
que no cedió sus privilegios a pesar de las vibrantes luchas sociales de los últimos años.


Las demandas se acumulan. Es la movilización total, son las pensiones, los costos de la educación, el endeudamiento de las familias, las persecuciones en territorios mapuches, es el aborto y los derechos de las disidencias sexuales. Y, al mismo tiempo, es la conjunción casi unánime de un horizonte de cambio: queremos
decidir en nuestro país, ¡espacio, comuna, cabildo y queremos Asamblea Constituyente! Y, para ponerle más transgresión, está la Asamblea Feminista paritaria y pluricultural que levantan las feministas de diversas organizaciones. Todo esto en medio de marchas, movilizaciones, cabildos y asambleas autoconvocadas y /o llamados por los municipios.

Hace más de un mes, sin tregua, Chile se moviliza por sus derechos. La Plaza Italia es llamada ahora la Plaza de la Dignidad, una dignidad llena de furias, deseos, solidaridades y ganas de estar juntos y juntas, para alimentar los horizontes de cambio. Impunemente, los Carabineros se sienten con el derecho de exigir una paz armada en sus propios términos, pero aun con sus gases lacrimógenos, con los lanza aguas y balines con alcance de hasta 150 metros, no han logrado frenar la fuerza de esa dignidad recuperada y la tremenda solidaridad, a todos los niveles y espacios.

En la Avenida Providencia, hay autos particulares con carteles que dicen #Súbete, para acercar a su destino a quienes tratan de conseguir algún tipo de transporte. Hay manifestantes que llevan agua con bicarbonato para auxiliar los ahogos de las bombas lacrimógenas o el gas pimienta. Una enorme red de voluntarios atiende a
los heridos, cuyos integrantes son, al mismo tiempo, hostigados, apresados, violentados, violados. Redes solidarias de profesionales (como el Colegio de Matronas de Santiago, Colegio Médico, Asociación de Abogadas Feministas) articulan y reportan las denuncias. La violación de derechos humanos de las mujeres tuvo también como eje simbólico, el cuerpo de las mujeres.


Los disparos intencionados, de salva o perdigones, directamente a la cara, a los ojos, han ocasionado la mayor tragedia conocida en conflictos sociales: 230 personas han perdido parte de la vista y otros más, quizá unos 10, que han quedado simplemente ciegos. Asesinato en vida. No son carabineros de la calle, es un cuerpo especial educados para ser dispositivos patriarcales, como dice la Red Chilena contra la violencia hacia la mujer. Y no es solo Chile, aunque éste se haya convertido en un caso paradigmático. 


La solidaridad se extiende a los gremios de salud. Los médicos chilenos han presentado, el 21 de noviembre un recurso para denunciar la violación de los carabineros contra las detenidas. Grupos de médicas, psicólogas, abogadas, están movilizadas como redes de apoyo dan cuenta de los horrores en los cuerpos de las mujeres.

Daniela “la Mimo”

 

El 20 de octubre el cadáver de la joven artista callejera Daniela Carrasco, conocida como “La Mimo”, apareció colgada de una soga alrededor de una baranda, cerca del parque André Jarlan, en el municipio capitalino de Pedro Aguirre Cerda. Había sido vista en la noche del 19 cuando los carabineros la arrastraban para llevarla
detenida. Ese cuerpo de joven mujer colgado de una baranda es un emblema de la violencia política de género que en ese municipio de expresó de forma sistemática. 


A un mes de su asesinato la Coordinadora Feminista 8M realizó un homenaje a la artista callejera exigiendo justicia. Aún no se conocen los resultados de la autopsia y la justicia sigue investigando el caso en medio de un silencio mediático. Daniela fue ahorcada, y su cuerpo presentaba varias lesiones físicas atribuibles a torturas y
violencia sexual.


Una ginecóloga que se reunió con nosotras nos relató tres casos graves de violencia sexual que atendió en el mismo municipio que fue asesinada Daniela. Las chicas habían sido violadas con armas. Una de las violaciones se dirigió contra una joven lesbiana. La médica identifica en la dependencia policial de ese Municipio como perpetradora de una acción generalizada de violencia sexual que va desde el desnudo, manoseos, amenazas de violación e incluso violaciones en las camionetas policiales sin llevarlas detenidas y dejadas después en medio de la calle, asegurándose así que no puedan denunciar una “detención inexistente”. No es, sin embargo, el único municipio ni la única dependencia policial perpetradora de violencias.

Violencia sexual hacia las mujeres y disidencias

 

La Morada convocó a las organizaciones feministas que recogen testimonios de abusos sexuales a las mujeres a crear un protocolo común de registro para que pueda usarse en otro momento si alguna de las víctimas decide posteriormente iniciar una querella. La Asociación de Abogadas Feministas está trabajando para
presentar 35 querellas a pesar de que es una cifra muy menor en relación a lo que realmente ha sucedido. De estas 35, 28 corresponden a mujeres y siete a niñas, niños y adolescentes, en estos casos no se trata necesariamente de violencia sexual sino de lesiones o tratos crueles. No es la única organización que recibe
denuncias y el objetivo de estas reuniones es precisamente coordinar los espacios de denuncia y registro, comprometer el trabajo y el deseo para que así sea.


Londres 38, sitio de memoria, está teniendo un rol de apoyo esencial. Habiendo sido un centro de represión, tortura y exterminio durante la dictadura pinochetista, hoy es un espacio de denuncia de violación de derechos humanos y de alerta sobre terrorismo de Estado. Situado en el centro de Santiago, donde generalmente trascurren las movilizaciones, ofrecen un informe cabal de los procesos de lucha y movilización, de las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por agentes del Estado. Han desplegado muchas estrategias, entre ellas, el acondicionamiento de un espacio para primeros auxilios, a cargo de la FECH (Federación de estudiantes de la universidad de Chile). Es también un espacio donde se acumulan las denuncias enviadas luego a las redes de abogados y abogadas. Constataron que la represión mayor se inició después del toque de
queda, pues la mayoría de los heridos que llegaban a Londres 38 fue luego del levantamiento durante el estado de emergencia.


Igualmente, Granado, el Centro de derechos humanos junto a ABUFEM trabajan coordinadamente. Las denuncias llegan al Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho y de allí se deriva a las diferentes organizaciones. La violencia política sexual ha sido sistemática en Chile y en este momento muchos servicios de salud no han reforzado los servicios de asistencia, lo que va en desmedro de la protección de derechos de las personas.

Para la red chilena contra la violencia sexual es necesario reconocer que han sido las mujeres en resistencia quienes han visibilizado la violencia sexual en la dictadura y han planteado la sistematicidad de estas prácticas ejercidas sobre las mujeres en todas las situaciones de enfrentamiento o estallido social. Si se toman en cuenta los feminicidios desde el 2001, se constata que aún no se ha logrado unificar los criterios de registros; por ello es importante la propuesta de acordar un registro. También constatan que el estallido social genera violencia intrafamiliar que cae sobre las mujeres. La Red chilena contra la violencia ha sido objeto de vigilancia por parte de los Carabineros, lo que plantea la necesidad de tener criterios de seguridad digital y de cuidado.


Hay un tema político de primer orden que es evidenciar la continuidad de una práctica institucional con el cuerpo de las mujeres, como sucedía en la dictadura. El reto es romper la impunidad, colocar estas violaciones y violencias contra el cuerpo de las mujeres en las estrategias de lucha de otros movimientos sociales, los mismos que están incansablemente movilizados. Es necesario, a través de alianzas con otros actores, posicionar en el debate lo que está pasando con las mujeres, para que no quede impune. A ellas, las mujeres violentadas, hay que devolverles la certeza de que serán escuchadas y defendidas. Esta es una tarea
de todas y todos, y el llamado a impulsarla y alimentarla es desde el movimiento feminista.


Este es también el posicionamiento de la Coordinadora Feminista 8M (8 de marzo): es necesario posicionar en el debate público la violencia política sexual, el rechazo a la invisibilidad y la educación entre nosotras para cuidarnos. En la coordinadora hay un grupo de trabajo sobre Memoria de la rebeldía feminista. La Coordinadora es nueva, pero tiene muchos grupos territoriales y está articulada a nivel nacional con plataformas similares.

Los núcleos de resistencia

 

Son tres los espacios de articulación social que hoy existen, en los cuales participan las feministas.

Unidad Social. Es un espacio con gran poder de convocatoria y organización conformado por centrales sindicales, organizaciones ecologistas y feministas. Su organización comenzó en agosto, antes de las movilizaciones. Lo integran 115 organizaciones, entre ellas ANAMURI (organización de mujeres mapuches),
Marcha Mundial de Mujeres y Mujeres libres. La Coordinadora 8 de marzo fue la única organización feminista invitada desde los inicios a participar (antes de los estallidos). Cuando estos se iniciaron, se abrió a otras organizaciones.


Coordinación por un Pacto Social. Es un espacio de organizaciones, ONG y personas, bastante permeable y reflexivo, pero de escasa convocatoria pública. Tiene un perfil más académico y cultural, y elabora propuestas para la Asamblea Constituyente. Tienen una forma organizativa horizontal, sin representación. No hay comisión política; están organizados en comisiones de trabajo, y las vocerías, diversas y sectoriales, se eligen mensualmente. No se acepta representantes de partido como vocería.


Por un Nuevo Pacto Social. Es un espacio conformado por grandes ONG y organizaciones más dispuestas al diálogo con el gobierno, al menos inicialmente.


Los tres espacios convocan a la Asamblea Constituyente.


No son articulaciones fáciles, pues no siempre el sentido de los nuevos cambios es asumido por las organizaciones y fuerzas sociales participantes en estos espacios. Las disputas feministas y de la gente joven al interior de estos espacios está en relación a la preservación de la autonomía y a la urgencia de una mayor
democratización en sus dinámicas y decisiones. Así, la Coordinadora 8M, como espacio feminista horizontal, evidenció ante el espacio de la Unidad Social la falta de transparencia en las decisiones y las vocerías y una práctica centrada en la vieja política. La Coordinadora rechaza cualquier negociación con quienes han decidido declararle la guerra al pueblo. Defiende la autonomía e independencia de la Unidad Social respecto a los partidos políticos. Expresa que no conciben las demandas feministas ni la plurinacionalidad como expresiones de un “sector”, sino como parte de una agenda colectiva de cambio. Entienden que los cabildos convocados por la institucionalidad tienen como objetivo la cooptación del proceso democratizador y autoconvocado de la ciudadanía. Denuncian que los medios de comunicación manipulan al intentar dividir la manifestación popular. Alertan sobre el oportunismo político de la Nueva Mayoría que son parte de las políticas de precarización de la vida y el terrorismo de Estado en el Wallmapu. Denuncian las formas poco democráticas de funcionamiento del espacio, que sigue emitiendo pronunciamientos que no han sido discutidos colectivamente.

La Coordinadora tuvo un gran debate interno respecto a mantenerse o retirarse de la Unidad Social debido a las prácticas políticas patriarcales que se expresan. Decidieron, por ahora, permanecer y seguir disputando prácticas democráticas.


Los estudiantes secundarios emitieron en el mismo sentido un pronunciamiento en el que expresan su alejamiento de la Unidad Social. “Siendo coherentes con nuestra práctica y propuesta de construcción, no podemos mantenernos en un espacio que no se declara ‘independiente de la política institucional’ como ocurre
con Unidad Social, pues desde ahí nunca se han defendido realmente los intereses y protagonismo real de toda la gente. Muy por el contrario, se le resta importancia a quienes son los actores verdaderamente relevantes en este proceso: que es el pueblo en su conjunto. (…) Comunicamos oficialmente que la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ACES, ha decidido salirse del espacio de coordinación de Unidad Social, que pretendía unificar las luchas de manera transversal pero que no ha dado garantías para que este hermoso despertar del país no termine una vez más cocinándose en cuatro paredes con las mismas lógicas de la política de antaño”.

Asamblea Feminista Plurinacional

 

La Asamblea Feminista es un espacio que reúne a diferentes organizaciones, y también a feministas que participan a título individual. Es el espacio político de articulación para el posicionamiento público, pero también para la acción colectiva que llevan adelante los feminismos articulados en este espacio.


Las organizaciones feministas participan en las instancias de coordinación de movimientos y organizaciones, pero tienen a su vez su propia articulación en la Asamblea Feminista Plurinacional. El carácter plurinacional de su demanda se asienta en la histórica lucha de la población mapuche por ser reconocida en su cosmovisión, su territorio, su derecho ancestral a sus territorios. Ya las feministas reivindican con toda claridad, mucho más que otros movimientos, un reconocimiento de esa lucha.

 


Frente a la Convocatoria de los partidos políticos la asamblea declara:


“La Constitución del 80, instalada autoritaria y violentamente, ha llegado a su fin. Este es un logro de las voces de la calle, de las movilizaciones que buscan nuevos acuerdos de convivencia, sobre la base de la construcción de una vida digna para todas las personas y los pueblos. La Asamblea Feminista Plurinacional forma parte de este gran movimiento social amplio y democrático. Sin embargo, y una vez más a espaldas de las organizaciones sociales y territoriales, la institucionalidad política ha llevado adelante un proceso de ‘acuerdo por la paz social y una nueva constitución’ a puertas cerradas. Con ello, los partidos políticos nos niegan nuestra condición de sujetas y sujetos históricos deliberantes en la definición de los caminos que nos lleven a una Nueva Constitución. Para las feministas la paz no es posible si el acuerdo carece de un camino inmediato y solido hacia la verdad, justicia y reparación por las graves violaciones a los derechos humanos que se han cometido. Al mismo tiempo, resulta imprescindible establecer un compromiso con una agenda social de corto plazo, que mejore las condiciones de vida de toda la población: mujeres, niños, niñas, jóvenes, disidencias sexuales, hombres de todo el territorio, así como los pueblos originarios que están también reclamando sus propias demandas ancestrales”.


Las movilizaciones seguirán, porque el anhelo multitudinario, genuino, poderoso por la nueva Asamblea Constituyente no está siendo respetado. Ante la distorsión de una demanda histórica, multitudinaria, transgresora, surge, desde lo más profundo, el grito de Nunca Más, ni en Chile, ni en otro lugar de nuestra América, y del mundo.


Por eso se debatió con la Asamblea Feminista Plurinacional la necesidad de apoyar este proceso colaborando desde la AFM con la organización de un encuentro de Causa Abierta, posiblemente en marzo, para visibilizar la violencia política sexual, en conjunto con este grupo de organizaciones, garantizando la presencia de personas relevantes en el área de derechos humanos a nivel internacional. 


Chile democrático, joven, diverso, feminista, sigue en acción.

[1] Cartel colocado en el barrio de Providencia.