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Espacio de Debate de BRAVAS

Nudos, tensiones y (des)acuerdos sobre la justicia feminista 

A mediados de 2020, BRAVAS inauguró un espacio virtual de debate feminista para intercambiar inquietudes y opiniones sobre temas de actualidad que nos importan, nos interpelan o, simplemente, nos desvelan. ¿Otro espacio de debate? Sí, ¡y que nunca falten! Porque los feminismos se construyen en diálogo y en colectivo, barajando consensos y disensos.

Miriam Lang y Rita Segato inician el debate con un texto sobre justicia feminista donde invitan a repensar las respuestas feministas a las violencias machistas y problematizan, entre otros temas, las implicancias de los escraches y cancelaciones a los agresores -reales y potenciales- y ofrecen algunas alternativas. Este abordaje genera varias tensiones al interior de los feminismos, como queda reflejado en los 7 artículos con que responden y reflexionan otras compañeras que, desde sus diversos lugares de experiencia, sapiencia y activismo, en el acuerdo y el desacuerdo, hacen crecer el círculo virtuoso de la construcción colectiva de saberes. 

Justicia Feminista ante el estado ausente: un debate urgente, Miriam Lang y Rita Segato

 

En “Espacios seguros o Espacios de Cuidado”, la investigadora y migrante peruana en España, Elisa Fuenzalida, problematiza “la narrativa de la seguridad” como paradigma actual de convivencia basado en la erradicación de todo conflicto”, y enfatiza la importancia de contemplar “la retórica y práctica del cuidado (…) [porque] todos y todas somos vulnerables: desde la persona que ocupa momentáneamente el lugar de víctima, hasta la persona que agrede.” Elisa nos habla “desde el lugar de sobreviviente de violencias machistas y desde el lugar de sospecha que siempre ocupa un migrante”, y afirma que el “‘otro’ que la lógica y la ética securitaria y punitivista persiguen está dentro de cada una de nosotras”.

Por su parte, Cristina Vega -española afincada en Ecuador e integrante de la colectiva feminista Flor del Guanto- coincide en que “la expulsión definitiva del hombre que ha agredido o se ha comportado de forma machista” de un colectivo no es la solución a la violencia machista y su impunidad endémica, como plantean Miriam, Rita y otras compañeras que participan en el debate. Sin embargo, Cristina cuestiona que formas de la justicia indígena, de base comunitaria, puedan ofrecer una alternativa viable en “nuestras organizaciones (…) integradas por individuos que van por libre, no tienen paciencia para narrar y escuchar valorando las condiciones concretas, el contexto y el conjunto, y tienen sistemas de autoridad y acatamiento muy débiles”. Para ella es preciso concentrarse en la prevención activa de la violencia y revertir “nuestro deficiente abordaje es la falta de alertas y de acción directa.”
 

Desde Venezuela, la investigadora ecofeminista Liliana Buitrago alerta sobre los riesgos de perpetuar el círculo vicioso de la violencia, incluso como respuesta de los cuerpos históricamente violentados, porque en las violencias “predominan efectos especulares de formas de dominación logocéntricas, antropocéntricas, coloniales y patriarcales”. En su artículo De la reproducción a la ruptura del círculo de las violencias la autora apuesta por pensar “cómo generamos procesos justos de deliberación que no terminen en el exterminio del otro, sino que nos transformen”.

En este mismo sentido de rupturar los círculos de violencia, Martha Ferreyra de México cuestiona “si la violencia de las políticas de la cancelación, de la humillación y vergüenza pública a las que se someten a quienes se consideran culpables, nos pertenecen; si es con esas herramientas que pensamos (o intentamos) construir una sociedad más justa donde todas las personas, no solo las mujeres y niñas, podamos gozar de mayor bienestar, libertad y goce.” Como feministas, dice Martha, “nuestra única opción es tratar de comprender, hacer lo que sea necesario por ayudar a reparar, buscar caminos alternativos a la violencia para restaurar aquello que se ha roto; porque cuando hay violencia, es todo el tejido social el que se rasga.”

En Politizar la violencia de género, despatriarcalizar las luchas y repensar la justicia, la mexicana Ximena Antillón Najlis explicita la necesidad de “poner a las denunciantes [de violencia machista] y sus necesidades en el centro”; que “sean escuchadas y tratadas con dignidad es una vía de reparación para salir de ese lugar. Pero además, necesitamos generar diálogos que permitan sacar el dolor y la rabia -no silenciarlas, como se espera en el proceso penal a una víctima doliente y pasiva”. La autora también destaca que los hombres sean activos en romper el pacto patriarcal de sus privilegios: “Puede ser que en ese camino los hombres necesiten, además de los espacios mixtos, sus propios espacios de reflexión y sanación. Entonces también tendrán que asumir la responsabilidad de organizarlos y gestionarlos, como hemos hecho las mujeres durante años o décadas.”

La investigadora ecofeminista Lucía Delbene Lezama desde Uruguay, destaca la capacidad de autocrítica y revisión continua del movimiento feminista para abordar cuestiones complejas, tales como la pertinencia de los escraches en casos de violencia machista. Dice la autora que, si bien es un mecanismo imperfecto, ha logrado “por ejemplo, el retirar rápidamente al agresor del entorno de la víctima –y no a la víctima como normalmente sucede–, el envío del mensaje simbólico que este tipo de abusos ya no son tolerados, o la activación de procesos judiciales tradicionales que de otra forma no hubieran sido puestos en práctica (…) los escraches –con sus múltiples defectos– seguirán existiendo como medida transitoria y tremendamente joven. Y por lo tanto, deben ser tomados como producto de un proceso que aún no está suficientemente maduro (…)”

Finalmente, en Una respuesta dialogada, varias compañeras de la Articulación Feminista Marcosur protagonizan un intercambio epistolar digital en el que consideran que las potenciales “comunidades transformadoras” nunca deben estar por encima del derecho de las mujeres a vivir vidas 100% libres de violencia. Ana Cristina González Vélez, Gina Vargas, Mónica Muñoz y Lucy Garrido discrepan con el enfoque de Miriam y Rita, entre otras cosas, porque entienden que las autoras “no muestran una salida “feminista” en relación con la situación que enfrentan las mujeres que deciden denunciar a los victimarios en redes”. No se puede ceder ni un ápice en denunciar y actuar ante todo tipo de violencias machistas, aunque ello implique asumir respuestas y acciones contundentes, como la cancelación y el escrache, cuando el sistema de justicia tradicional falla. “Una violación no es negociable, y denunciarla en las redes, en los espacios donde se habita e incluso en la ley, es impostergable”. Ante la diversidad de opiniones dentro de los feminismos sobre cómo lidiar con las violencias y la impunidad, hay un llamamiento a escucharnos más y “poder disentir, discrepar, argumentar, y dejarme convencer, sin que sea más fácil dialogar con un cura, con un funcionario del gobierno, con un machista típico de izquierda o de derecha, que con otra feminista.”

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