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Querida Gilda:

Somos Bravas, pero tenemos corazón, y se nos encogió cuando supimos que te fuiste tan pronto. Algunas -las más jóvenes tal vez- no sepamos que naciste en Costa Rica en 1952, que te formaste como psicóloga social primero y luego en derechos humanos; que dedicaste tu vida a la resolución de conflictos y a crear estrategias para la asistencia a víctimas de violencia; que hiciste lo imposible (y más) desde el Instituto Interamericano de DDHH, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional y la Fundación Paniamor, entre otros espacios de lucha. Otras –jóvenes de espíritu tal vez- que te conocimos bien, te recordamos para escribirte y te escribimos para recordarte en este mini homenaje colectivo.

A Gilda, amiga y mágica estratega feminista.

De parte de Alda, Ana Elena, Isabel, Lara, Line, Lucy y Soledad

 

Hilvanado por Line Bareiro

El 24 de agosto de 2020 me escribió mi amiga Ileana Aguilar “No sé si ya lo sabes, falleció Gilda”. “¿De qué Gilda estás hablando?”, le contesté. En un minuto le envié tres mensajes. “Pacheco”, me dijo, y me aclaró que ella misma también seguía preguntando sin poder creerlo. Quise negarlo primero, luego traté de confirmar el error, para seguir recibiendo la misma demoledora noticia durante días. 

 

Menos mal que ahora tenemos formas baratas de hablar a la distancia, porque entre Costa Rica, Paraguay, EEUU, Guatemala, Uruguay, y cada país de la región, no paramos de encontrar resquicios ilusorios, con el deseo de confirmar que la noticia era falsa. Pero no, la partida de Gilda no tenía regreso, no era un viaje, no era una despedida como otras tantas de estos años. Ahora significaba que no volveríamos a charlar, nunca más. Ella, que siempre me decía que podía quedarme en su casa; ella, que sabía cuidar a todas; ella, a quien se le ocurrían cosas insólitas que se terminaban realizando. 

 

Gilda saltaba sobre la planificación cuando olfateaba que, yendo por un camino distinto al diseñado, sería mejor para los derechos de las personas, para lograr el objetivo colectivamente decidido. En esos casos, inútilmente Isabel y yo nos preocupábamos porque queríamos cumplir el plan de trabajo. Así fue cuando Lucrecia no pudo testimoniar en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, porque no paró de llorar en el juicio por la desaparición de su hermanito en la dictadura de Ríos Montt. Inmediatamente Gilda inventó un proyecto de contención, de cuidado a familiares que llegaban a San José para testimoniar. Tenía el poder de ver lejos, el de la creatividad, el de la consideración, el de la palabra sincera que convencía. 

 

Lara Blanco posteó ese mismo 24 de agosto: “Casi no me alcanzan las fuerzas para despedirme de Gilda Pacheco. La recuerdo en tantos momentos de la vida. La recuerdo siempre sonriente, cariñosa, intensa. Entregada a los derechos humanos, feminista y trabajadora incansable. Pensar en ella es pensar en todas las misiones que hizo suyas y vimos florecer. Querida Gilda, qué privilegio conocerte, trabajar juntas, tenerte de amiga.”

 

Alda Facio le rindió homenaje unos días después, cuando apenas las lágrimas nos permitían leer: “No he vuelto a este espacio por múltiples razones, pero hoy quiero, no, necesito, compartir con muchas feministas mi despedida a Gilda Pacheco Oreamuno y lamentablemente, FB es el único espacio virtual que conozco que me permite hacerlo: 

 

Gilda Pacheco fue en vida una feminista sabia y tan generosa, que pese a su partida de este mundo nos sigue regalando un gran legado. Es realmente esperanzador saber que quienes viven con convicción y amor hacia sus semejantes, en realidad no mueren sino que continúan brindándonos su luz mucho después de su partida. 

 

Hoy quiero rendir homenaje a una defensora de los derechos humanos de las mujeres de todas las edades, colores, creencias, nacionalidades, etc. Una defensora a quien siempre se le podía llegar con las ideas más poco claras que ella lograba traducirlas en una estrategia potente. Así lo hizo con el Protocolo Facultativo de la CEDAW, una idea que ella convirtió en un proceso que facilitó la participación de muchas feministas de nuestra región en las negociaciones que crearon ese protocolo. Y, sabiendo que la adopción de ese instrumento por las Naciones Unidas, era solo el primer paso, diseñó una estrategia que logró que muchos Estados lo ratificaran. Es en gran parte gracias a Gilda que hoy la mayoría de mujeres (de LAC) tenemos la posibilidad de denunciar ante el Comité CEDAW las distintas discriminaciones que vivimos. 

 

Gracias Gilda por todos tus aportes a los derechos humanos de las mujeres, gracias por todas las enseñanzas que me hicieron repensar muchas de mis furias y me hicieron una mejor feminista y gracias por todo el apoyo que me diste durante momentos muy difíciles de mi vida. Mujeres como vos siempre me han dado la energía que se requiere para seguir en esta lucha por un mundo mejor y más feliz para toda la humanidad.”

 

Gracias a Gilda, me hice amiga de Ana Elena Obando, quien escribió: “La noticia del fallecimiento de nuestra querida Gilda sigue resonando con tristeza en nuestros corazones. Gilda fue una amiga extraordinaria, siempre sororal y amorosa.  Recuerdo su sonrisa dulce, sincera y positiva aún en los momentos más difíciles. Nunca se rindió, siempre iba hacia adelante. Como feminista comprometida, visionaria e inteligente, lograba unirnos en un propósito común para trabajar armónicamente. Ella sabía de la alquimia feminista. Desde el lugar desde donde ella estuviera, siempre promovió nuevas ideas y proyectos para avanzar los derechos de las mujeres y l@s niñ@s. Su memoria y su legado siguen vivos entre nosotras.  Ahora nos toca seguir cuidando las semillas que con tanto trabajo y amor plantamos juntas. Mucha luz y paz para su alma noble.”

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Isabel Torres García dijo: “Gilda vive en mis recuerdos y en mis grandes afectos. Pensar en ella es remontarme a casi dos décadas de amistad y de complicidades. Jefa y colega en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, motor inagotable de estrategias para que los derechos humanos fueran parte de la vida de las mujeres y de todas las personas, profundamente solidaria, siempre generosa con sus ideas y su amistad. De Gilda aprendí a trabajar con un enfoque de proceso e interdisciplinario, porque si no –decía- lo que “logramos es un efecto ‘spray’, atomizado, parcial, que no genera impacto, ni llega a ser sostenible”. Con esa valiosa guía ideó, impulsó y desarrolló exitosamente muchísimos proyectos para hacer vigentes los derechos humanos en igualdad y no discriminación, porque –también decía- se trata de “pasar de las palabras a la acción, de la teoría a la práctica”. No dudo que quienes la conocimos y compartimos con ella, recordamos esas palabras. Se nos quedó pendiente vernos, como hablamos días antes de que se fuera tan inesperadamente.  Su abrazo cálido está conmigo. Gilda querida, hasta siempre…”


 

Dice Lucy que “¡Gilda era una moto! Con ser inteligente no basta, si querés que las cosas sucedan hay que enamorar y ella a la inteligencia le agregaba intuición y su propio entusiasmo. Cuando se le metía una idea en la cabeza, no paraba y convencía a todo el mundo.  Quisieras o no, ¡terminabas queriendo! Me invitó a Costa Rica para dar una charla sobre comunicación política en los cursos del IIDH y CEJIL sobre litigio internacional (de paso, fue una de las reuniones donde más aprendí en mi vida) y cuando tomé el avión de regreso ya había quedado enganchada en la estrategia de Causa Abierta. Pero si cara a cara te convencía, por teléfono era imbatible. Tengo varios ejemplos pero con este basta: una vez me llamó a un hotel de Recife donde me había ido a descansar (yo creía que en secreto hasta que ella encontró el número y llamó) para convencerme de participar en una campaña que ayudara a que una latinoamericana, Elizabeth Odio, entrara en la Corte Penal Internacional. Yo no la conocía, no había dinero para la campaña y teníamos dos semanas para hacerla. No quiero saber a cuánta gente habrá llamado y convencido Gilda, pero Elizabeth fue una integrante de lujo en la CPI. Así era Gilda, una moto: veía clarito el objetivo, armaba equipos y avanzaba directo. Y todo esa creatividad y ese entusiasmo, puestos al servicio de la solidaridad y los derechos humanos.”

 

Cerrando ya este desordenado homenaje feminista, recuerdo que en el IIDH se contaba que mucho habían procurado que la muy admirada Cecilia Medina fuese a actividades del instituto y que ningún director lo había logrado, hasta que Gilda habló con ella para la formación de defensoras de los DDHH de las mujeres. A mí también me convencía, y muchas veces por teléfono. Así di mi primera clase en un curso interdisciplinario de derechos humanos del IIDH, así me comprometí a escribir un artículo recién llegadita de Beijing para el libro que ella y Laura Guzmán coordinaron, así fui por 6 meses, que se convirtieron en 18, a trabajar con Gilda al IIDH. 

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Bueno, no era sólo la palabra y su hermosa voz las que convencían, ella era una estratega que daba personalmente los pasos para realizar su objetivo. Yo no tenía auto y Gilda generosamente me acompañó a ver cada departamento o casa de San José de Costa Rica y sin dudar, ella los iba rechazando hasta que encontramos un  departamento que le pareció lindo, seguro y con mucha luz. Recién ahí me dijo que se había propuesto encontrarme un buen lugar, o de lo contrario, no dejaría que me quedara.

 

Gilda Pacheco Oreamuno lograba lo que se proponía porque tenía ese poder invisible que tienen algunas feministas que creen, desde muy adentro, en los derechos humanos, en la igualdad entre diferentes y en el valor del afecto. 

Gilda, una gran maestra. Presente, ahora y siempre.

Soledad Garcia Muñoz

 

Conocí a Gilda hacia 1998, cuando empecé como consultora del IIDH[1] y ella dirigía su Departamento de Sociedad Civil; enseguida congeniamos. Generosa y tan llena de bondad como de inteligencia, Gilda fue una gran maestra. Como ser humano, preciosa: solidaria y sorora cien por cien. Amante de su familia, de su hija Ale y de Pablo, de su nieto y de su nieta. Cultivó la amistad y la empatía que regaló a raudales, tanto a su familia y amistades, como a las víctimas de violaciones de derechos humanos.  

 

Gilda me sorprendía por su visión innovadora y estratégica, por su capacidad de articulación y creatividad, feminista, visionaria y brillante. Fue ante todo una mujer de acción. La estrategia de género -sensibilizar al IIDH, que comenzó con Alda Facio y después con Line Bareiro e Isabel Torres- fue una de las primeras que conocí en organismos de DDHH. También se involucró en “Causa Abierta”, que en poco tiempo logró generar una jurisprudencia sobre derechos humanos de las mujeres en el sistema interamericano: una experiencia hasta entonces inexistente, que hoy demostró ser tan prolífica como necesaria. Para mí fue un honor poder participar en ese proyecto.

 

Gilda fue una gran valedora de los DDHH, en especial de los DESCA[2]. El IV Curso de Sociedad Civil sobre DESC, puso en mi camino conocimientos e inquietudes que me apuntalaron para hacer lo que ahora hago en mi mandato como Relatora.  Fue memorable la reunión que organizó con referentes de derechos humanos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Vilma Nuñez, Liliana Ortega, Roberto Garretón, Jorge Pan o Ramón Muñoz Castro. Sentí que estaba tocando la historia misma de los derechos humanos en América Latina.

 

Destaco la experiencia que me llevó a coordinar el Proyecto CEDAW Argentina del IIDH. Gilda me pidió acompañarla a una reunión en la Defensoría del Pueblo. Sin previo aviso, me presentó como la consultora a cargo del proceso educativo y de incidencia del IIDH, para lograr que el país ratificase el Protocolo Facultativo. No tuve ni que aceptar, a la tarde ya estábamos reunidas en el Café Tortoni, con las más potentes feministas porteñas. Fue uno de los proyectos más exitosos que he tenido la oportunidad de liderar para los derechos de las humanas. Gilda, con Isabel, Line y tantas mujeres potentes, articulamos, siempre respaldando y alentando cada esfuerzo. Como cuando ya en Uruguay me tocó poner en marcha la Oficina Regional Suramérica del IIDH y conté con su apoyo incondicional, dejando de lado los sinsabores de su salida del Instituto. Recuerdo qué bonita fue la reunión en México y  en Uruguay con expertas de la CIM, lo bueno de recibirla en casa, compartir el tributo a Belela Herrera o aquel fin de semana feminista en lo de Lucy. 

 

Gilda activaba para que las mujeres liderasen espacios relevantes. Recuerdo bien su búsqueda de apoyos para las candidaturas de Cecilia Medina, de Line Bareiro o de Elisabeth Odio, algo que experimenté como REDESCA-CIDH. Su apoyo fue de los más constantes para mí en esta tarea, tan necesaria como difícil. La última vez que nos vimos fue en Costa Rica: no sólo me abrió las puertas de su casa y de su vida de par en par, sino las de su networking para la misión del mandato y nos acompañó en la capacitación sobre DESCA a nicaragüenses en el exilio. 


Así era Gilda, una tejedora de redes nata. La siento bien presente y le hablo a menudo. Extraño mucho su voz, sus mensajitos. Me apena pensar en volver a Costa Rica y que ella no esté, físicamente. No gozar de su hospitalidad y dejarme consentir hasta el punto de quedarme en su cuarto: el “spa de Gilda”, comer las delicias de Teresa, que hacía parte de su familia. Los vinitos con ella y con Zoilamérica aquella noche mágica, encontrarnos con Maricruz, Charles, Ivonne, tantas amigas y amigos. Gilda es mi Ángela violeta. ¡Gracias Gilda, te quiero tanto!

[1] Instituto Interamericano de Derechos Humanos.

[2] Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales.