N°13 año 2020

3 de noviembre

Silencio performático

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Los performances funcionan como actos
vitales de transferencia, transmitiendo saber social,
memoria y sentido de identidad a través
de acciones reiteradas.
Taylor, 2011

En Uruguay, cada 20 de mayo una multitud de cuerpos reclama en el espacio público
verdad y justicia por las personas desparecidas por el terrorismo de Estado. Este año, sin embargo, la pandemia imposibilitó la presencia física, pero eso no significó ausencia. A través del espacio virtual y en los bordes entre lo público y lo privado la gente “estuvo’’ y el silencio-grito fue, quizás, más fuerte que nunca.


Francesca Cassariego

La Marcha del Silencio es una movilización que comenzó a realizarse en 1996 para
reclamar memoria, verdad y justicia. Exige respuestas sobre los paraderos de cientos de
personas secuestradas-desaparecidas entre 1968 y 1985, un periodo marcado por el
terrorismo de Estado en Uruguay y en otros países del cono sur. Se realiza cada 20 de
mayo, porque ese día, pero de 1976, aparecieron en Buenos Aires los cuerpos acribillados
del senador del Frente Amplio Zelmar Michelini, del diputado del Partido Nacional Héctor
Gutiérrez Ruiz, y de los/as militantes Rosario Barredo y William Whitelaw.


En esta movilización, impulsada por Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos
Desaparecidos, el silencio es el mecanismo para evocar la indignación, la angustia y la
desazón por las personas desaparecidas. Sin embargo, luego de 25 años marchar y de
más de 40 de silencio político, las madres se van yendo sin conseguir que se esclarezcan
las desapariciones y asesinatos impunes, y el sostén de esta lucha queda en manos de
nuevas generaciones.


La manifestación en Montevideo comienza en Juan D. Jackson y Avenida Rivera (donde se
encuentra el Monumento a los Detenidos Desaparecidos de América Latina) y lleva
adelante la pancarta con la proclama elegida. Los manifestantes caminan en silencio total,
portando únicamente 197 fotos con los nombres de cada uno/a de los desaparecidos/as.
Finaliza en la Plaza Libertad y al llegar, se nombran una a una las personas desaparecidas

mientras al unísono responden: ¡Presente! La 25º Marcha fue particular por la emergencia
sanitaria, la recomendación del distanciamiento social fueron otras, sin embargo, el rito se
cumplió y estuvimos presentes.


La Marcha del Silencio es una de las más multitudinarias movilizaciones del Uruguay y el
paso del tiempo comienzan a sumarse generaciones que no vivieron la dictadura, pero
sienten el silencio que existe en relación con este tema y se hacen eco de él, saliendo a la
calle y exigiendo justicia. Esta movilización funciona, de alguna manera, como un
mecanismo de resignificación y reapropiación para las nuevas generaciones.


Los cuerpos presentes en el espacio público reclaman los cuerpos ausentes, transitan por
la principal avenida de Montevideo lentamente, en una performatividad que llamo “del
silencio”, porque se plantea como una analogía del actitud de la política nacional frente a la
búsqueda de la verdad y la justicia, tal como lo plantea Diana Taylor (académica
estadounidense) en un análisis sobre las Abuelas de plaza de Mayo, que se ajusta muy
bien para analizar lo que pasa en Uruguay: “A través de su cuerpo, logran hacer visible la
ausencia/presencia de todos aquellos que habían desaparecido sin dejar rastro, sin dejar un
cuerpo. Han convertido sus cuerpos en archivos 'vivos&', así preservando y exhibiendo las
imágenes que habían sido el blanco de la supresión militar”. (2000, p.36)


Son los cuerpos en escena los encargados de reclamar enfáticamente y en silencio los
cuerpos que aún no fueron hallados de cientos de uruguayos/as desaparecidos/as. A los
cuerpos que ahora les pesa el tiempo, los más de 40 años de silencio, se le suman nuevos
cuerpos nacidos en los años en que la marcha comenzó a realizarse; para juntos/as
caminar en silencio y exigir justicia. Aquí, en la acción, se funden las memorias de
diferentes generaciones para transitar juntas el silencio performativo que se vive en esta
marcha y que es reflejo de un vacío político en relación a este tema y al no esclarecimiento
de los crímenes cometidos bajo el régimen dictatorial.

Y florecieron margaritas

Este 20 de mayo todos los cuerpos, que no pudieron estar fisicamente en el espacio
público, se hicieron presentes a través de una acción colectiva. Este año tan particular en
que nos sentimos amenazados por algo pequeño, un virus microscópico, el silencio, ese
grito apretado de indignación y tristeza con el cual cargamos como sociedad, se volvió
imagen. O ciento de imágenes. Florecieron margaritas de papel por todas partes, en todos
los barrios se desplegaron fotos de los desaparecidos/as, carteles que exigen verdad y
justicia, y la palabra “presente” se posó en miles de ventanas. En balcones, ventanas,
canteros y plazas aparecieron múltiples intervenciones artísticas.

En la frontera entre lo público y lo privado se gestó esta performance de cuerpos también
ausentes, como aquellos, como los/as de nuestros/as desaparecidos/as. Este año, el
compromiso con la búsqueda de los desaparecidos/as, con las exigencias de verdad y
justicia por los crímenes de lesa humanidad, no se resolvió con ir a una marcha; este año
fue necesario poner más que el cuerpo, el alma: crear, planificar, construir la manera de ser
y estar presente. En esta multiplicidad de formas de hacernos visibles estuvo la magia.
Los edificios se volvieron carteles, se proyectaron imágenes en monumentos emblemáticos,
se colocaron en puertas y ventanas, así como en la plaza Libertad los retratos que antes
llevaban las madres y familiares. Se pintaron las huellas de los pasos que no estarían en la
principal avenida y así desde una nueva manera de estar presentes, lo estuvimos. Las
voces no solo se alzaron en las redes sociales.


Se construyó un entramado de imágenes, de carteles, de margaritas, de intervenciones en
paradas, muros, casas, la marcha sin marcha cobró una magnitud y una presencia como
nunca antes se había vivido en la ciudad. Los cuerpos ausentes se hicieron presente a
través de los objetos, y pudimos reconocer a los vecinos/as que sienten esta misma
indignación, con quienes compartimos la necesidad de que la verdad salga a la luz y
podamos de una vez por todas encontrar a los/as desaparecidos/as, saber qué pasó con
cada uno de ellos/as, encontrar a todos/as los/as niños/as.


Es importante rescatar la presencia este año de Imágenes del Silencio, proyecto que
fotografió a personas de diferentes ámbitos de la cultura y la sociedad, abrazadas a un
cartel con la foto y nombre de alguno de los/as desaparecidos/as. Si bien el proyecto fue
pensado para ser llevado a cabo con anterioridad a la marcha (y durante); en el contexto de
la pandemia las gigantografías que se realizaron con las fotos cobraron aún mayor
magnitud, así como las pegatinas en los muros y las múltiples intervenciones que se
realizaron con ellas, fue otro gran aporte a la performance virtual que se realizó este año.
El silencio es lo que ha caracterizado regreso a la democracia: se tapa, se esconde, se
calla y se genera una sensación de incompletitud para muchos uruguayos/as que viven
desde entonces con una herida abierta. Las iniciativas ciudadanas de participación y acción
colectiva colocan en la escena política un espacio de transferencia intergeneracional
fundamental para la construcción de una ciudadanía con memoria.