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Vivian Genes, la estudiante que enfrenta al poder del Partido Colorado en Paraguay

Sofía Ferreira

Una dirigente estudiantil paraguaya resiste la afrenta judicial por la quema de una de las sedes de la ANR, el partido del Presidente Mario Abdo. Es feminista y tiene el apoyo del movimiento estudiantil, que hace guardia por la garantía de sus derechos a la defensa. “Hay cosas que no tenemos, pero tenemos organización”, dice.

Vivian Genes Meza tiene los ojos claros encendidos. Cuando habla, habla fuerte y claro: 

Llevan miles de años intentando sacarnos la fuerza a nosotras las mujeres y no pueden. No nos van a echar, ya no nos van a volver sumisas y no van a poder sacarnos nuestra capacidad de leer las posibilidades políticas y de avanzar. Pueden intentar con toda la violencia física y psicológica que quieran, pero nosotras siempre vamos a estar dando resistencia.

 

Vivian es estudiante de la carrera de arquitectura de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Tiene 25 años. Hija de paraguayos que en algún momento emigraron al extranjero, expulsados por las políticas económicas de gobiernos colorados anteriores. Fue apresada junto a otros dos jóvenes, Pedro Areco y Luis Trinidad, por participar de las protestas de marzo de este año contra el gobierno colorado de Mario Abdo Benitez en Paraguay. 

Paraguay es un país gobernado de manera casi ininterrumpida por 70 años por el Partido Colorado o Asociación Nacional Republicana (ANR): desde 1948[1] hasta la fecha, apenas con una excepción entre 2008 y 2012, cuando el ex obispo Fernando Lugo ejerció la presidencia, y entre 2012 y 2013,  cuando Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) completó el período luego del juicio exprés a Lugo.  

En marzo, las redes sociales se calentaron con las numerosas denuncias de corrupción y desabastecimiento en los hospitales. Dos etiquetas convocaban a las protestas: #EstoyParaElMarzoParaguayo y #ANRNuncaMás, en alusión a la lucha por la democracia en 1999[2]en donde numerosos jóvenes salieron a las calles a protestar y a denunciar los abusos de poder. Decir “marzo paraguayo”[3] desde entonces es referirse a una memoria de lucha de jóvenes y estudiantes.  

Vivian Genes no es la única mujer, feminista y estudiante perseguida en Paraguay por protestar. En esos días, fueron quemadas numerosas seccionales del Partido Colorado en el país. Genes está imputada por la quema del edificio “Colorado Róga” ocurrida el 17 de marzo en Asunción, pese a que el Ministerio Público no pudo determinar la manera en la que supuestamente ella intervino. 

Foto: Milena Coral

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Las manifestaciones apuntaban a la ANR como responsable del deterioro y desabastecimiento del sistema público de salud en plena pandemia de COVID-19, que al 14 de abril ya se había cobrado la vida de 5.040 personas. Paraguay gestionó la pandemia con políticas de encierro y policías en las calles.[4] Esta política frenó los contagios masivos en los primeros tiempos, pero en la actualidad, está en las noticias por la falta de camas y medicamentos. 

Fueron cinco los imputados por perturbación de la paz pública, producción de riesgos comunes, daño a cosas de interés común y daño a obras construidas o medios técnicos de trabajo: Vivian Genes, Pedro Areco, Luis Trinidad, Arnaldo Martínez y Enrique Agüero. En medio de las protestas, también se vio a un policía de civil disparando de manera directa contra los manifestantes, pero ni siquiera fue procesado. 

Esta entrevista a Vivian Meza se realizó durante su paso por el Departamento Judicial de Mujeres, donde su madre, Viviana Meza, y sus compañeros de militancia acamparon por casi dos semanas exigiendo su libertad.

Mis compañeros están tratando de reivindicarme por todo ese atropello, esa persecución que empezó siendo mediática, que luego se volvió judicial y que en su conjunto es política hacia la gente que se organiza. Lo que nosotros entendemos es que me eligieron como su corderito de sacrificio, en nombre del Partido Colorado que se había quemado. También porque me conocían ya de otras luchas, como la lucha estudiantil por el Arancel Cero, que después de décadas conseguimos.

Al día siguiente del incendio, la estudiante de arquitectura y miembro de la Coordinadora Estudiantil Universitaria de la UNA aparecía en el noticiero de un canal de aire. “Empezaron a sacar mi información personal, la de mi mamá, fotos de mi cara,  a presentarme como culpable antes de que comenzara el proceso judicial”, dice. “Al ser mujer, estudiante, pobre, había ciertos elementos que hacían como más fácil ‘reventarme”, reflexiona.

En el año 2020, en plena pandemia y en medio de persecuciones policiales y judiciales como respuesta a toda protesta, el movimiento estudiantil logró una ley de Arancel Cero en las universidades públicas. El rostro y los ojos encendidos de Vivian aparecieron en los medios por primera vez cuando ella, junto a otros estudiantes, se encadenó frente al Congreso Nacional en lugar de hacer movilizaciones más masivas.

Empezamos a incidir en las redes sociales, porque las tomamos como una extensión de la plaza pública, del espacio político de discusión. Entra tu tía Marta, entra tu abuelo, entran todos y ahí hay que discutir cuáles son nuestras miradas políticas en un sentido humano, que se entienda.

La promulgación de la ley fue un triunfo agridulce que todavía les llevará trabajo, puesto que el decreto reglamentario eliminó el carácter de universalidad de dicha gratuidad. Algunos estudiantes seguirán pagando aranceles y matrículas, ya sea por su edad o por haber culminado la secundaria en un colegio privado, entre otros causales. “En el proceso de estar peleando todavía por eso, se nos atraviesa el Marzo Paraguayo y nosotros continuamos en las calles; no hubo ningún descanso, pero ahora por una reivindicación más amplia, continuando con la nuestra también”.

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Vivian y sus compañeros califican al proceso judicial y la prisión decretada por la jueza Hilda Benítez como un grave retroceso para la democracia. El abogado de la dirigente estudiantil había denunciado el traslado irregular –sin previo aviso- de su defendida desde la sede de la Policía Urbana hasta el Departamento Judicial de Mujeres, para enviarla posteriormente al Centro Penitenciario para Mujeres “Casa del Buen Pastor”. Esto último no se concretó, debido al cierre epidemiológico de la cárcel.

También estuvo a punto de que la envíen a la Penitenciaría Regional de Encarnación, a unos 300 kilómetros de la capital, sin avisar a su defensa y su familia. Las manifestaciones frente a la dependencia policial y la presión social impidieron el traslado. “Hay cosas que nosotros no tenemos, pero tenemos organización. Es como una pulseada ahí”, manifiesta la joven dirigente.

No deberíamos estar hablando de si se tiró o no una piedra al Partido Colorado. Deberíamos estar hablando de por qué no hay vacunas y quiénes son culpables de eso. Sabemos que esta es una forma de callar la voz del pueblo, de desviar la atención y también va a ser un peligro para los y las estudiantes que quieran manifestarse después, porque a partir de ahora puede marcar un precedente.

Aunque al cierre de esta edición Vivian ya está en su casa con su madre, se le cruzó por la mente que podría permanecer presa por un periodo incierto. En lugar de pensar en su graduación y en su futuro profesional, barajaba opciones de lo que podría hacer en la cárcel para no estancarse: tal vez aprender carpintería o dedicarse a escribir. De todos modos, habló con pasión sobre lo que sueña hacer cuando termine el proceso judicial:

Antes de todo esto estaba ya en un colectivo de arquitectos, estábamos trabajando con comunidades indígenas urbanas, con asentamientos, estábamos trabajando con gente de los Bañados (barrios ribereños de Asunción) para hacer, en algunos casos, diseños de sus viviendas y del barrio, de forma participativa, y aparte de eso, me gustaría pelear por una política pública de viviendas, pelear por que ellos accedan a un hábitat digno. 

Al interior de la universidad, desde el primer semestre se encontró con un proceso que marcó su militancia, el “UNA No Te Calles” o la “primavera estudiantil” del 2015:

Empezamos a reconocer lo que era una asamblea, lo que era hablar con tus pares, lo que es la autonomía de un grupo, lo que es respetar las decisiones de un grupo para avanzar, incluso los cuidados. Universitarios que siempre tomaban en fiestas y demás, empezaron a tener disciplina.

Pero, sobre todo, el sacrificio que debió hacer su madre para que ella estudie en la universidad fue determinante en su decisión de luchar por el acceso gratuito a la educación superior. “La perspectiva que tenemos en nuestra generación es que si miramos hacia el costado somos cómplices. No hay ninguna inocencia en una vida individualista”, dice. 

Un Tribunal de Apelación le otorgó  a Vivian Genes el arresto domiciliario el 12 de abril, tras 14 días de prisión preventiva. Sin embargo, es consciente de que enfrenta a un poder que logró estar en el gobierno durante más de 70 años y sostuvo a una de las dictaduras más violentas y largas de la región, la de Alfredo Stroessner (1954-1989).

foto 1_-vivian-2_Foto de Sofía Ferreira.